Allí está. Noto su mirada, apostado en la ventana de la cocina. Estoy recogiendo las hojas secas de mi jardín con mi nueva máquina Harper y veo su ranchera aparcada junto al porche, llena de herramientas y cubierta de barro hasta el retrovisor. Es un modelo de los años cincuenta, robusto y fiable.
Con palabras parecidas, sobre fiabilidad y resistencia, hace una semana el vendedor de Ohio esperaba entrar en mi casa con la aspiradora de hojas caducas. “Un prodigio de la ciencia nacional”, aseguró. La Harper 2000 podía succionar cincuenta kilos de hojas secas con una autonomía de dos horas. Tiene la boca torcida y escupe motas de saliva cuando pronuncia la marca que patrocina. “Harper, el ingenio de los noventa para el siglo XXI”; me escupió, sin querer, a la cara.
_ ¿Una Coca Cola?- le ofrezco cuando estamos en el salón.
_ Sí, gracias, se la acepto con gusto. Aún hace calor para esta fecha del año.
_ Tiene razón, estaba en camiseta en el porche
Bebe y toma de un recipiente unas palomitas que le he sacado. Se limpia las manos en los muslos del pantalón y se pone a armar el aspirador.
_ ¿Qué le parece? Es suyo por 200 dólares.
_ No sé, nunca me he ocupado del jardín; la verdad, no me interesa.
_ ¿Está seguro?
_ Sí, creo que sí.
_ No, amigo, no lo está. Tienen que quedarse con esta máquina, es una ganga. A su mujer le encantará, tendrá más tiempo para ella.
_ Pero ya tengo quién me arregle el jardín; es mi vecino, el señor Stevenson. Vive allí enfrente; además, mi mujer me dejó, se marchó con un antiguo compañero de instituto.
Se levanta y va hasta la ventana. Supongo que se puso a espiar la vieja furgoneta del señor Stevenson, rebosante de hojas secas, el trabajo de todo un día. El asunto de mi mujer también parecía zanjado para él.
El señor Stevenson sigue mirando. Me observa como aspiro los montículos de hojas en la rampa de mi garaje, los del camino de grava que conduce al porche, los que se cuelan por la puerta de rejilla metálica. Y será así hasta que acabe el otoño.

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada